ORDO - CALENDARIO LITÚRGICO

Vigilia Pascual - Sábado 11 de abril - 2020

“8 Pero si hemos muerto con Cristo, creemos que también viviremos con él.

9 Sabemos que Cristo, después de resucitar, no muere más, porque la muerte ya no tiene poder sobre él.

10 Al morir, él murió al pecado, una vez por todas; y ahora que vive, vive para Dios.

11 Así también ustedes, considérense muertos al pecado y vivos para Dios en Cristo Jesús”.

(Rm. 6,8-11)

"Resucitado por Dios"

     «¿Por qué?». Esa es también la pregunta que se hacen los seguidores de Jesús. «¿Por qué ha abandonado Dios a aquel hombre ejecutado injustamente por defender su causa?». Ellos lo han visto ir a la muerte en una actitud de obediencia y fidelidad total. ¿Cómo puede Dios desentenderse de él? Todavía tienen grabado en su corazón el recuerdo de la última cena. Han podido intuir en sus palabras y gestos de despedida lo inmenso de su bondad y de su amor. ¿Cómo puede un hombre así terminar en el sheol? ¿Va Dios a abandonar en el «país de la muerte» al que, lleno de su Espíritu, ha infundido salud y vida a tantos enfermos y desvalidos? ¿Va a yacer Jesús en el polvo para siempre, como una «sombra» en el «país de las tinieblas», él que había despertado tantas esperanzas en la gente? ¿No podrá ya vivir en comunión con Dios él que ha confiado totalmente en su bondad de Padre? ¿Cuándo y cómo se cumplirá aquel anhelo suyo de «beber vino nuevo» juntos en la fiesta final del reino? ¿Ha sido todo una ilusión ingenua de Jesús?

      Sin duda les apena la muerte de un hombre cuya bondad y grandeza de corazón han podido conocer de cerca, pero tarde o temprano este es el destino de todos los humanos. Lo que más les escandaliza es su ejecución tan brutal e injusta. ¿Dónde está Dios? ¿No va a reaccionar ante lo que han hecho con él? ¿No es el defensor de las víctimas inocentes? ¿Se ha equivocado Jesús al proclamar su justicia a favor de los crucificados?

¡Dios lo ha resucitado!

     Nunca podremos precisar el impacto de la ejecución de Jesús sobre sus seguidores. Solo sabemos que los discípulos huyeron a Galilea. ¿Por qué? ¿Se derrumbó su adhesión a Jesús? ¿Murió su fe cuando murió Jesús en la cruz? ¿O huyeron más bien a Galilea pensando simplemente en salvar su vida? Nada podemos decir con seguridad. Solo que la rápida ejecución de Jesús los hunde si no en una desesperanza total, sí en una crisis radical. Probablemente, más que hombres sin fe son ahora discípulos desolados que huyen del peligro, desconcertados ante lo ocurrido.

     Sin embargo, al poco tiempo sucede algo difícil de explicar. Estos hombres vuelven de nuevo a Jerusalén y se reúnen en nombre de Jesús, proclamando a todos que el profeta ajusticiado días antes por las autoridades del templo y los representantes del Imperio está vivo. ¿Qué ha ocurrido para que abandonen la seguridad de Galilea y se presenten de nuevo en Jerusalén, un lugar realmente peligroso donde pronto serán detenidos y perseguidos por los dirigentes religiosos? ¿Quién los ha arrancado de su cobardía y desconcierto? ¿Por qué hablan ahora con tanta audacia y convicción? ¿Por qué vuelven a reunirse en el nombre de aquel a quien han abandonado al verlo condenado a muerte? Ellos solo dan una respuesta:

     «Jesús está vivo. Dios lo ha resucitado». Su convicción es unánime e indestructible. La podemos verificar, pues aparece en todas las tradiciones y escritos que han llegado hasta nosotros. ¿Qué es lo que dicen?

     De diversas maneras y con lenguajes diferentes, todos confiesan lo mismo: «La muerte no ha podido con Jesús; el crucificado está vivo. Dios lo ha resucitado». Los seguidores de Jesús saben que están hablando de algo que supera a todos los humanos. Nadie sabe por experiencia qué sucede exactamente en la muerte, y menos aún qué le puede suceder a un muerto si es resucitado por Dios después de su muerte....

 ¿En qué consiste la resurrección de Jesús?

¿Qué quieren decir estos cristianos de la primera generación cuando hablan de «Cristo resucitado»? ¿Qué entienden por «resurrección de Jesús»? ¿En qué están pensando?

     La resurrección es algo que le ha sucedido a Jesús. Algo que se ha producido en el crucificado, no en la imaginación de sus seguidores. Esta es la convicción de todos. La resurrección de Jesús es un hecho real, no producto de su fantasía ni resultado de su reflexión. No es tampoco una manera de decir que de nuevo se ha despertado su fe en Jesús. Es cierto que en el corazón de los discípulos ha brotado una fe nueva en Jesús, pero su resurrección es un hecho anterior, que precede a todo lo que sus seguidores han podido vivir después. Es, precisamente, el acontecimiento que los ha arrancado de su desconcierto y frustración, transformando de raíz su adhesión a Jesús.

     Esta resurrección no es un retorno a su vida anterior en la tierra. Jesús no regresa a esta vida biológica que conocemos para morir un día de manera irreversible. Nunca sugieren las fuentes algo así. La resurrección no es la reanimación de un cadáver. Es mucho más. Nunca confunden los primeros cristianos la resurrección de Jesús con lo que ha podido ocurrirles, según los evangelios, a Lázaro, a la hija de Jairo o al joven de Naín. Jesús no vuelve a esta vida, sino que entra definitivamente en la «Vida» de Dios. Una vida liberada donde ya la muerte no tiene ningún poder sobre él. Lo afirma Pablo de manera taxativa:

«Sabemos que Cristo, una vez resucitado de entre los muertos, no vuelve a morir, la muerte no tiene ya dominio sobre él. Porque, cuando murió, murió al pecado de una vez para siempre; su vivir, en cambio, es un vivir para Dios».

     ¿Cómo hablan los cristianos de la primera generación de esta acción creadora de Dios que no cae bajo nuestra observación? Es esclarecedor el lenguaje de Pablo. Según él, Jesús ha sido resucitado por la «fuerza» de Dios, que es la que le hace vivir su nueva vida de resucitado; por eso, lleno de esa fuerza divina puede ser llamado «Señor», con el mismo nombre que se le da a Yahvé entre los judíos de lengua griega. Dice también que ha sido resucitado por la «gloria» de Dios, es decir, por esa fuerza creadora y salvadora en la que se revela lo grande que es; por eso Jesús resucitado posee un «cuerpo glorioso», que no significa un cuerpo radiante y resplandeciente, sino una personalidad rebosante de la fuerza gloriosa del mismo Dios. Por último, dice que ha sido resucitado por el «espíritu» de Dios, por su aliento creador.

Por eso su cuerpo resucitado es un «cuerpo espiritual», es decir, plenamente vivificado por el aliento vital y creador de Dios.

     Los primeros cristianos piensan que con esta intervención de Dios se inicia la resurrección final, la plenitud de la salvación. Jesús es solo el «primogénito de entre los muertos», el primero que ha nacido a la vida definitiva de Dios. Él se nos ha anticipado a disfrutar de una plenitud que nos espera también a nosotros. Su resurrección no es algo privado, que le afecta solo a él; es el fundamento y la garantía de la resurrección de la humanidad y de la creación entera. Jesús es «primicia», primer fruto de una cosecha universal. «Dios, que resucitó al Señor, nos resucitará también a nosotros por su fuerza». Resucitando a Jesús, Dios comienza la «nueva creación». Sale de su ocultamiento y revela su intención última, lo que buscaba desde el comienzo al crear el mundo: compartir su felicidad infinita con el ser humano..." Recuperado de: https://sanvicentemartirdeabando.org/pagola/jesus_aproximacion/resucitado_dios.htm

"62 A la mañana siguiente, es decir, después del día de la Preparación, los sumos sacerdotes y los fariseos se reunieron y se presentaron ante Pilato, 63 diciéndole: «Señor, nosotros nos hemos acordado de que ese impostor, cuando aún vivía, dijo: «A los tres días resucitaré». 64 Ordena que el sepulcro sea custodiado hasta el tercer día, no sea que sus discípulos roben el cuerpo y luego digan al pueblo: ¡Ha resucitado!». Este último engaño sería peor que el primero»".

(Mt. 27, 62-64)

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