ORDO - CALENDARIO LITÚRGICO

Domingo siguiente antes de Adviento - 24 de Noviembre de 2019

«Denles de comer ustedes mismos».

(Lc. 9,13)

     Un proverbio budista dice que «cuando el dedo del profeta señala la luna, el estúpido se queda mirando el dedo». Algo semejante se podría decir quizás de nosotros, cuando nos quedamos exclusivamente en el carácter portentoso de los milagros de Jesús, sin llegar hasta el mensaje que encierran. Porque Jesús no fue un milagrero dedicado a realizar prodigios propagandísticos. Sus milagros son signos que abren brecha en este mundo de pecado y apuntan ya hacia una realidad nueva, meta final del ser humano.

     Concretamente, el milagro de la multiplicación de los panes nos invita a descubrir que el proyecto de Jesús es alimentar a los hombres y reunirlos en una fraternidad real en la que sepan compartir «su pan y su pescado» y convivir como hermanos. Para el cristiano la fraternidad no es una exigencia junto a otras. Es la única manera de construir entre los hombres el Reino del Padre. Pero esta fraternidad puede ser mal entendida. Con demasiada frecuencia la confundimos con «un egoísmo vividor que sabe comportarse muy decentemente» (K. Rahner). Pensamos que amamos al prójimo simplemente porque no le hacemos nada especialmente malo, aunque luego vivamos con un horizonte mezquino y estrecho, despreocupados de todos, movidos únicamente por nuestros propios intereses.

     La Iglesia en cuanto «sacramento de fraternidad» está llamada a descubrir incesantemente nuevas formas de crear una fraternidad más estrecha y viva entre los hombres. Los creyentes hemos de aprender a vivir con un estilo más fraterno, escuchando las nuevas necesidades del hombre actual. La lucha a favor del desarme, la protección del medio ambiente, la solidaridad con los pueblos hambrientos, el compartir con los parados las consecuencias de la crisis económica, la ayuda a los drogadictos, la preocupación por los ancianos solos y olvidados.., son otras tantas exigencias para quien se siente hermano y quiere «multiplicar» para todos, el pan que necesitamos los hombres para vivir. El relato evangélico nos recuerda que no podemos comer tranquilos nuestro pan y nuestro pescado mientras junto a nosotros hay hombres amenazados de tantas hambres. Los que vivimos tranquilos y satisfechos hemos de oír las palabras de Jesús: «dadles vosotros de comer»". Recuperado de: José Antonio Pagola

Ven y vive con nosotros en "la fuente y cumbre de la vida cristiana: 

La Santa Eucaristía".

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