ORDO - CALENDARIO LITÚRGICO

Domingo IX después de Trinidad - Agosto 2 de 2015

     La reflexión de este joven es profunda al tocar fondo, compara aquel ambiente hostil y el ambiente de su casa paterna, el hambre, la pena, el dolor que siente mientras que el más pobre y sencillo trabajador de su Padre tiene mejores condiciones de vida y el milagro llega: se arrepiente y decide el regreso a casa representado con su conversión, se ha dado cuenta que su vida pecaminosa fue la causa de su perdición y la enemistad que el pecado creo entre el él y su Padre (el Padre no está enemistado) y se levanta del fango para ir a casa. Jesús narra la ansia del Padre que observa el camino día a día, lo espera y un día a lo lejos una figura de un mendigo que viene caminando hacía su hacienda, es su hijo pródigo y sale a su encuentro sin importar nada, sucio, en pecado, sin un zapato, vestimentas rasgadas es descrito en su cuadro por Rembrandt. Los besos del Padre representan el perdón (IISa 14:33). Su restitución como hijo de la casa de su Padre es representada con ponerle nuevo el vestido, las sandalias y el anillo, atuendos de fiesta y el gran honor de tenerlo allí (novillo cebado).

     La queja del hijo mayor que trabaja duro en el campo se entiende, de que aquel hijo que despilfarró el dinero con prostitutas (hasta investigó la vida que llevaba su hermano) sea recibido de tal manera y a él no se le da un chivito para comerlo con sus amigos, algunos dicen que no se sentía hijo del Padre, sin embargo el enfoque es por el lado legalista, toda la biblia habla del justo y la queja del malvado por su vida, los profetas exhortaron a la conversión del pueblo de Israel. Por último, Jesús narra que el Padre considera aquella fiesta como necesaria, ya no son los ángeles, ya no es el pastor, es el mismo Dios quién se alegra con todos por el pecador arrepentido, muerto por el pecado, perdido por no aceptar a Dios, pero su conversión lo lleva a la vida y a encontrar de nuevo el camino al Padre y de igual manera estás palabras son para cada uno de nosotros, tres parábolas que son un verdadero deleite para los oídos del pecador ya que tiene la esperanza de regresar al Padre.

     En este camino de conversión, al que nos invita la parábola del Hijo Pródigo, nada mejor que acoger la invitación que nos hace la Santísima Virgen María, en su Advocación como Reina de la Paz, para que vivamos un verdadero acercamiento a Dios a través de la vivencia de: 

1. La Oración: La importancia del contacto con Dios diariamente, frecuentemente.

2. La Santa Eucaristía diaria: Para participar del Amor y del sacrificio del Señor Jesús.

3. El Ayuno a pan y agua: La importancia que tiene esto en nuestra vida para  purificar nuestro cuerpo y nuestra alma.

4. La lectura de la Sagrada Escritura: Para la educación y la vivencia de la Fe.

5. La Confesión: Al menos una vez al mes o con la frecuencia que sea necesaria.

     De esta invitación, nos queda la escucha de la voz de Dios, quien nos anima de forma sencilla a convertir nuestra vida en Oración. Que cada día vivamos la Santa Eucaristía con el corazón. Aquí recibimos todas las gracias que el Señor, pone en nuestras vidas. Por último, no nos cansemos de dar gracias a Dios por nuestra vida, nuestras familias, nuestros fieles y nuestro Ministerio Sacerdotal.

REINA DE LA PAZ

Ruega por nosotros y por la Paz del mundo

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