"Juan les contestó: —Yo soy una voz que grita en el desierto:

“Abran un camino derecho para el Señor”,

tal como dijo el profeta Isaías".

Jn. 1,23

ABRIRNOS A DIOS

"La fe se ha convertido para muchos en una experiencia problemática. No saben exactamente lo que les ha sucedido estos años, pero una cosa es clara: ya no volverán a creer en lo que creyeron de niños. De todo aquello solo quedan algunas creencias de perfil bastante borroso. Cada uno se ha ido construyendo su propio mundo interior, sin poder evitar muchas veces graves incertidumbres e interrogantes.

La mayoría de estas personas hace su «recorrido religioso» de forma solitaria y casi secreta. ¿Con quién van a hablar de estas cosas? No hay guías ni puntos de referencia. Cada uno actúa como puede en estas cuestiones que afectan a lo más profundo del ser humano. Muchos no saben si lo que les sucede es normal o inquietante.

Los estudios del profesor de Atlanta James Fowler sobre el desarrollo de la fe pueden ayudar a no pocos a entender mejor su propio recorrido. Al mismo tiempo arrojan luz sobre las etapas que ha de seguir la persona para estructurar su «universo de sentido».

En los primeros estadios de la vida, el niño va asumiendo sin reflexión las creencias y valores que se le proponen. Su fe no es todavía una decisión personal. El niño va estableciendo lo que es verdadero o falso, bueno o malo, a partir de lo que le enseñan desde fuera.

Más adelante, el individuo acepta las creencias, prácticas y doctrinas de manera más reflexionada, pero siempre tal como están definidas por el grupo, la tradición o las autoridades religiosas. No se le ocurre dudar seriamente de nada. Todo es digno de fe, todo es seguro.

La crisis llega más tarde. El individuo toma conciencia de que la fe ha de ser libre y personal. Ya no se siente obligado a creer de modo tan incondicional en lo que enseña la Iglesia. Poco a poco comienza a relativizar ciertas cosas y a seleccionar otras. Su mundo religioso se modifica y hasta se resquebraja. No todo responde a un deseo de autenticidad mayor. Está también la frivolidad y las incoherencias.

Todo puede quedar ahí. Pero el individuo puede también seguir ahondando en su universo interior. Si se abre sinceramente a Dios y lo busca en lo más profundo de su ser, puede brotar una fe nueva. El amor de Dios, creído y acogido con humildad, da un sentido más hondo a todo. La persona conoce una coherencia interior más armoniosa. Las dudas no son un obstáculo. El individuo intuye ahora el valor último que encierran prácticas y símbolos antes criticados. Se despierta de nuevo la comunicación con Dios. La persona vive en comunión con todo lo bueno que hay en el mundo y se siente llamada a amar y proteger la vida.

Lo decisivo es siempre hacer en nosotros un lugar real a la experiencia de Dios. De ahí la importancia de escuchar la llamada del profeta: «Preparad el camino del Señor». Este camino hemos de abrirlo en lo íntimo de nuestro corazón". Recuperado de: José Antonio Pagola

"Los judíos enviaron de Jerusalén sacerdotes y levitas"

En cuanto a la delegación que enviaron para interrogar a Juan debemos notar varios detalles. "Los judíos": Juan emplea constantemente esta expresión para referirse a las autoridades judías rebeldes que no recibieron a Cristo. "De Jerusalén": Su cuartel general estaba en Jerusalén, donde su enfrentamiento con Jesús llegará a su clímax. "Sacerdotes y levitas": Estos eran generalmente de la secta de los saduceos, que eran los liberales de su tiempo y los que representaban la mayor parte del Sanedrín. Tal vez pensaron que como el padre de Juan el Bautista era un sacerdote, éste se mostraría más dispuesto a colaborar con ellos.

"Para que le preguntasen: ¿Tú quién eres?"

Como veremos en este párrafo, Juan logró convertir una investigación acerca de su propia persona en una oportunidad para dar testimonio acerca del Señor Jesucristo. Veremos también que el interrogatorio tiene dos partes, una acerca de su persona y otra sobre su ministerio. La respuesta de Juan no se ajusta tanto a la pregunta que le hicieron como a los pensamientos que tenían en su mente: "Yo no soy el Cristo". Evidentemente, Juan era consciente de lo que la gente estaba comentando sobre él, así que decidió zanjar el asunto de una vez: (Lc 3:15) " ... el pueblo estaba en expectativa preguntándose todos en sus corazones si acaso Juan sería el Cristo". Juan sobresale por su honestidad al rechazar cualquier honor inmerecido que la gente quisiera darle.

"¿Eres tú Elías? Dijo: No soy"

La siguiente pregunta era inevitable, por cuanto los judíos creían que Elías sería el precursor del Mesías en base a (Mal 4:5) "He aquí yo os envió al profeta Elías antes que venga el día de Jehová grande y terrible". El mismo Señor Jesucristo identificó tiempo después a Juan con el Elías de la profecía: (Mr 9:11-13) "Y le preguntaron diciendo: ¿Por qué dicen los escribas que es necesario que Elías venga primero? Respondiendo él les dijo: Elías a la verdad vendrá primero, y restaurará todas las cosas; ¿y cómo está escrito del Hijo del Hombre, que padezca mucho y sea tenido en nada? Pero os digo que Elías ya vino, y le hicieron todo lo que quisieron, como está escrito de él".

Surge entonces la pregunta: ¿Por qué dijo Juan el Bautista que él no era Elías? Tal vez porque los judíos pensaban que Elías vendría en persona. Recordemos que Elías no había muerto, sino que fue arrebatado vivo por un torbellino hacia el cielo (2 R 2:11). Así que cuando vieron a Juan que vestía de la misma forma que Elías (2 R 1:8) (Mr 1:6), quizá pensaron que se trataba de la misma persona. Y en ese caso, era correcto contestar que él no era el Elías de la antigüedad. De hecho, el mismo ángel que anunció el nacimiento del Bautista aclaró este asunto: (Lc 1:17) "Irá delante de él con el espíritu y el poder de Elías".

"¿Eres tú el profeta? Y respondió: No"

Moisés había hablado de un profeta como él.

(Dt 18:18-19) "Profeta les levantaré de en medio de sus hermanos, como tú; y pondré mis palabras en su boca, y él les hablará todo lo que yo le mandaré. Mas a cualquiera que no oyese mis palabras que él hablase en mi nombre, yo le pediré cuenta"

Los cristianos interpretaban este profeta como el Mesías (Hch 3:22) (Hch 7:37). Pero los judíos pensaban que se trataría de otro precursor del Mesías (Jn 7:40-41) "Entonces algunos de la multitud, oyendo estas palabras, decían: Verdaderamente éste es el profeta. Otros decían: Este es el Cristo".

Nuevamente Juan contestó de una forma seca: "No". En realidad no tenía ningún interés en hablar sobre él mismo, sino sobre Cristo. Además, él sabía que es mucho más peligroso aceptar el respeto indebido que sufrir el desprecio injusto.

"¿Pues quién eres?"

Esta vez abrieron las puertas de par en par sin dar ninguna indicación en absoluto y Juan aprovechó la oportunidad: "Dijo: Yo soy la voz de uno que clama en el desierto; Enderezad el camino del Señor, como dijo el profeta Isaías". Juan se identifica ante el comité como el precursor del Mesías anunciado por el profeta Isaías (Is 40:3). También los otros evangelios (Mt 3:3) (Mr 1:3) (Lc 3:4) citan este pasaje de Isaías como descripción de Juan como el precursor.

Es interesante que la única autoridad que Juan aporta para justificar su ministerio es la de la Escritura. Juan era una voz que clamaba. Con esto queda también clara la diferencia que había entre él y el Mesías. Mientras que él sólo era una "voz", el Mesías es descrito como el "Verbo" o la "Palabra".

Esta "voz" tenía que ver con la preparación del camino del Rey, según la costumbre bien conocida entonces, de que heraldos de categoría precediesen a los potentados en sus viajes, insistiendo en que las autoridades locales llenasen los baches de los caminos para facilitar el paso del rey. En la profecía de Isaías, Dios se disponía a visitar a su pueblo que se encontraba cautivo en Babilonia. Antes de este encuentro, Dios envía un precursor que debía preparar a la nación. Claro está que no se trataba del camino ni los baches, sino del propio corazón del pueblo. Y aunque ahora el escenario era diferente, sin embargo Dios anunciaba nuevamente su llegada en la persona del Hijo y Juan el Bautista fue enviado con anterioridad para que preparase al pueblo para ese encuentro. Esta era la razón por la que Juan predicaba el bautismo de arrepentimiento al pueblo. Incluso cada miembro de esa delegación tenía que enderezar también su camino para que el Señor entrara.

Esta humildad que manifestaba Juan es tan rara como encantadora. No le habría resultado difícil utilizar su relación con Cristo en beneficio propio para atraerse la atención de otros. Y aunque ésta no sea una virtud muy corriente en nuestros días, cuando muchas personas buscan parecer importantes en base a la relación que pretenden tener con Cristo, Juan el Bautista no era así. Necesitamos cultivar más de este bello espíritu, de estar contentos en la sombra y arrojar luz sobre el bendito Señor.

¿Por qué razón Juan llegó a esta bendita condición? Primeramente, porque como él mismo dijo, el hombre no puede recibir nada si no le fuere dado del cielo (Jn 3:27). Por esta razón, todo lo que tenía debía ser usado fielmente para dar gloria a aquel de quien lo había recibido. Y en segundo lugar, porque había visto la gloria del Señor (Jn 1:33-34). Recuperado de: https://www.escuelabiblica.com/estudios-biblicos

En los corazones de San José y de la Bienaventurada siempre Virgen Santa María

encomendemos a todos nuestros familiares enfermos en el cuerpo y en el alma,

para que Ellos intercedan ante su Divino Hijo, para que este tiempo para muchas familias de dolor,

se convierta en el gozo y la alegría de la dulce Espera del Amor de Dios en nuestros corazones

como Iglesia Católica Anglicana Provincia Original.

“Alégrense siempre en el Señor. Repito: ¡Alégrense! Que todos los conozcan a ustedes como personas bondadosas. El Señor está cerca. No se aflijan por nada, sino preséntenselo todo a Dios en oración; pídanle, y denle gracias también. Así Dios les dará su paz, que es más grande de lo que el hombre puede entender; y esta paz cuidará sus corazones y sus pensamientos por medio de Cristo Jesús”.

Filip. 4,4-7

 

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