"El que no ama no ha conocido a Dios,

porque Dios es amor".

I Jn. 4.8

     El dogma fundamental al que todo se reduce en la religión cristiana es el de la Santísima Trinidad, en cuyo nombre se bautizan los fieles. La fiesta de la Santísima Trinidad pide se la comprenda y celebre en la prolongación de los misterios de Cristo, como la expresión solemne de nuestra fe en esa vida trinitaria de las personas divinas, en que nos han introducido el bautismo y la redención de Cristo. Solamente en el cielo hemos de comprender cómo podremos nosotros tener por Cristo una verdadera participación de hijos en la misma vida de Dios.

     Aunque introducida en el siglo IX, la fiesta de la Santísima Trinidad no se extendió a la Iglesia 'universal hasta el siglo XIV. No obstante, el culto de la Santísima Trinidad aflora por doquier en toda la liturgia. En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo comenzamos y terminamos la misa y el oficio divino y se confieren todos los sacramentos. Todos los salmos terminan con el Gloria Patri, los himnos, con una doxología, y las oraciones, con una conclusión en honor de las tres divinas personas. Continuamente, pues, nos hace alabar y adorar la Iglesia al Dios tres veces santo, que tanta misericordia ha tenido de nosotros, pues nos ha dado el participar de su propia vida.

"ESTA ES LA TRINIDAD PERFECTA EN LA UNIDAD DE UNA SUSTANCIA ÚNICA, EN LA CUAL HACEMOS PROFESIÓN DE CREER".

Homilía de san Gregorio Nacianceno

     "Qué católico ignora que el Padre es verdaderamente Padre, el Hijo verdaderamente Hijo y el Espíritu Santo verdaderamente Espíritu Santo.; como el Señor mismo lo dijo a sus apóstoles: Id, pues, y bautizad a todas las naciones en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo? Esta es la Trinidad perfecta en la unidad de una sustancia única, en la cual hacemos profesión de creer. Porque no admitimos en Dios división alguna a la manera de las sustancias corpóreas, sino que, por el poder de la naturaleza divina, que es espiritual, hacemos profesión de creer, no sólo en la verdadera distinción de las personas que nombramos, sino también en la unidad de la naturaleza divina.

     No decimos como algunos se han imaginado, que el Hijo de Dios es una extensión de cierta parte de Dios; tampoco admitimos un Verbo sin realidad, tal y como lo es el simple sonido de la palabra, sino que creemos que los tres nombres y las tres personas constituyen una misma esencia, una misma majestad, un mismo poder. Confesamos, pues, un solo Dios, porque la unidad de la majestad nos prohíbe nombrar varios dioses. Finalmente, nombramos distintamente, de conformidad con las reglas católicas del lenguaje, al Padre y al Hijo, pero no podemos ni debemos decir dos dioses. Esto no quiere decir que el Hijo de Dios no sea Dios, siendo verdadero Dios de Dios, sino que, por cuanto sabemos que no tiene otro principio que su Padre, decimos que no hay más que un Dios. Esto es lo que nos transmitieron los Profetas y los Apóstoles; esto es lo que el Señor nos enseñó cuando dijo: “Mi Padre y yo, somos una misma cosa.” Por estas palabras “una misma cosa” expresa como lo he dicho la unidad de la Divinidad, y por éstas, “somos”, nota la pluralidad de personas". Recuperado de: https://misagregorianatoledo.blogspot.com/2016/05/esta-es-la-trinidad-perfecta-en-la.html

ORACIÓN A LA SANTÍSIMA TRINIDAD.

Santa Faustina Kovalska

 "Oh Trinidad Santísima, deseo ardientemente que todo mi aliento, cada latido de mi corazón y cada estremecimiento de mi ser, alaben tu Misericordia.

 Quisiera convertirme en misericordia para llegar a ser un reflejo viviente tuyo, oh Señor mío, y para que tu Misericordia, que es infinita y es el más sublime de todos los atributos divinos, se derrame de mi corazón y de mi espíritu sobre el prójimo.

 Señor, ayúdame para que mis ojos estén llenos de misericordia, de tal modo que jamás sospeche ni juzgue a nadie por las apariencias externas, sino que descubra la belleza interna de los demás y pueda favorecerla.

 Haz que mi oído esté lleno de Misericordia para que se incline sobre las necesidades de mis hermanos y no me permita permanecer indiferente ante sus dolores y sus llantos.

 Ayúdame, oh Dios mío, para que de mis labios fluya la misericordia y sin hacer jamás injusticia al prójimo cuando hablo de él, tenga para cada uno palabras de consuelo y de perdón.

 Señor, haz que mis manos sean caritativas y estén siempre llenas de una buena acción y que jamás se cansen de hacer el bien a los otros, mientras por mi parte acepte para mí las tareas más difíciles y penosas.

 Haz que sean misericordiosos también mis pies y que lleven sin descanso la ayuda a mis hermanos, venciendo la fatiga y el cansancio; que mi reposo esté en servir a todos.

 Te pido finalmente, Dios mío, que llenes de misericordia este corazón y lo hagas sensible a los sufrimientos de los demás, que nadie experimente un rechazo de mi corazón y que yo jamás huya de aquéllos que abusan de mi condescendencia. En cuanto a mí, me encierro en tu misericordiosísimo Corazón, callando ante los demás mis sufrimientos.

 ¡Oh Jesús, que eres todopoderoso, transforma mi alma en Ti!" (D. 163)

SAN AGUSTÍN Y LA SANTÍSIMA TRINIDAD

     "Es increíble para nuestra mente concebir «un solo Dios, pero en tres Personas: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo». San Agustín fue uno también que se cuestionó sobre dicho misterio, de él se nos cuenta una impresionante historia.

     Cierta vez, se paseaba San Agustín, cerca de una playa, meditando sobre la Santísima Trinidad y cómo era posible que hubiera 3 Personas en un mismo y único Dios. En esto, se encuentra con un niño que, sentado en la arena, intentaba pasar el agua del mar en un pequeño hoyo que había cavado en la arena.

El santo le pregunta:
– Qué estás haciendo?
A lo que el niño le responde:
– Quiero poner toda el agua del mar en este hoyo.
– Pero no! Eso no es posible!
Entonces, nuestro Buen Niño le responde:
– Así mismo…tampoco es posible que el misterio tan grande de la Santísima Trinidad sea comprendido por la mente humana! Si lo comprendes, no es Dios. 
Dicho esto, el Niño desapareció.

     Intentar entender el misterio de la Trinidad es querer hacer lo que ese niño pretendía: meter toda el agua del mar en un pequeño hoy. Nuestra mente es tan pequeña que tan sublime misterio no cabría en nuestras capacidades intelectuales, por eso el santo afirma «si lo comprendiéramos, no es Dios» en cuanto a que Dios va más allá de nuestros conceptos mentales, más allá de lo que podemos imaginar".

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