"El centurión y los hombres que custodiaban a Jesús,

al ver el terremoto y todo lo que pasaba,

se llenaron de miedo y dijeron:

«¡Verdaderamente, este era el Hijo de Dios!»".

(Mt. 27,54)

Para tu reflexión

     "Este domingo leemos el relato de la pasión del evangelio correspondiente al  evangelio según Mateo. Escuchando todo el relato entraremos en sintonía con el núcleo de nuestra fe, el Misterio Pascual, y seremos capaces de reconocer en la Pasión del Señor los rasgos de las pasiones y sufrimientos por los que atraviesan muchos hermanos en nuestros días. Ciertamente, el relato del evangelio resulta un tanto extenso; pero porque tiene una configuración narrativa y didáctica: narrativa, en cuanto memorial, y didáctica, en cuanto que refleja los dinamismos internos de los lectores/oyentes. En efecto, en él confluyen los elementos típicos y paradójicos de todo drama humano; allí se refleja lo que sucede en la intensidad de nuestras relaciones, esas que se van forjando en medio de la fragilidad y el acierto:

  • La comida festiva con los amigos (cena pascual); pero también, la traición y negación de los más cercanos (Judas y Pedro) (Cfr. Mt 26, 17-25).
  • El dolor de la despedida; pero también, la certeza de la permanente presencia a través del pan que es partido y repartido y del vino que es ofrecido (Cfr. Mt 26,26-29).
  • La autosuficiencia que hace pensar que se es capaz de todo; pero también, el descubrimiento de la propia fragilidad y la experiencia del temor que hacen renunciar y negar hasta a aquellos que decimos más amar (como Pedro) (Cfr. Mt 26, 30-35; 69-75).
  • El deseo de que las cosas sucedan como quisiéramos; pero también, la decisión de que se haga, más bien, la voluntad del Padre, aún a riesgo del propio pellejo (Getsemaní) (Cfr. Mt 26,36-46).
  • La experiencia de la difamación, del falso testimonio, de la acusación injusta, que denigran y atentan contra el buen nombre; pero también, la fidelidad a la verdad, aún a costa de la propia libertad y bienestar (Jesús ante el Sanedrín) (Cfr. Mt 26, 57-67).
  • La realidad del rechazo, del insulto, de la burla ofensiva, de la injusticia, de la agresión y el maltrato, del abandono, de la tortura y la muerte violenta, en medio de la total impunidad y de la sensación de que hasta el mismo Dios permanece en silencio, indiferente (la vía dolorosa y la crucifixión) (Cfr. Mt 27,1-54).
  • Y en medio del sufrimiento, la oscuridad existencial y la muerte, el paradójico reconocimiento del victimario (el centurión romano) sobre la sacralidad de la vida extinta de su víctima: “Verdaderamente éste era Hijo de Dios” (Cfr. Mt 27, 54).

     En efecto, el relato de la Pasión es un memorial, y, como todo memorial, busca que los hechos allí narrados no sean olvidados, que permanezcan vivos en la conciencia de todos aquellos que los escuchan como símbolo de la opción radical de Jesús por el Reino de Dios llevada hasta sus últimas consecuencias; como símbolo de su apuesta por un mundo diferente, más justo y más humano, y por ello, más divino.

   Como todo memorial, el relato de la Pasión también ocasiona que todos aquellos oprimidos, traicionados, victimizados, agredidos y olvidados de la historia encuentren en el crucificado su propio rostro sufriente y puedan sentir que a pesar de la impunidad y del aparente silencio de Dios, Él, más que nadie, sabe de su sufrimiento, porque Él también lo ha experimentado en la persona de su hijo amado. Por tanto, si la comunidad eclesial ha hecho una opción por el crucificado, se verá exhortada a volcarse en atención y apoyo solidario hacia los sufrientes y victimizados de la historia, porque en ellos el crucificado sigue padeciendo.

     Como todo memorial, el relato de la Pasión es un grito por el “¡basta ya!, por la “no repetición”; para que no haya más crucificados, más sangre derramada violentamente, más injusticias y seres humanos victimizados y agredidos.

     Por último, como todo memorial, el relato de la Pasión es un dardo dirigido a la conciencia adormecida de las estructuras y realidades de opresión y victimizantes (de las cuales, por acción o por omisión, por indiferencia o por complicidad, podemos hacer parte), que nos recuerda que toda vida es sagrada e inviolable; que, aunque la impunidad sea la regla, la existencia del relato mismo es un antídoto contra el olvido y contra cualquier deseo de silenciar la verdad, de dejar a los crucificados encerrados en sus sepulcros, eliminando cualquier esperanza de resurrección.

     No es posible llegar a la resurrección sin haber pasado por la pasión y por la muerte. Por ello, es importante que la comunidad creyente pueda escuchar atentamente, reconocerse e identificarse con las realidades profundas del relato para que llegue a ser partícipe de la esperanza de la resurrección gozosa y sanadora. Escuchar el relato de la Pasión implica una opción por el crucificado y por todos los crucificados de la historia. ¿Estamos realmente dispuestos a asumir dicha opción? ¿Qué camino estamos recorriendo para que la historia sea coherente con nuestras opciones?"Recuperado de: https://jualberto40.wordpress.com/

"5 Tengan los mismos sentimientos de Cristo Jesús.

6 El, que era de condición divina,
no consideró esta igualdad con Dios
como algo que debía guardar celosamente:

7 al contrario, se anonadó a sí mismo,
tomando la condición de servidor
y haciéndose semejante a los hombres.
Y presentándose con aspecto humano,

8 se humilló hasta aceptar por obediencia la muerte
y muerte de cruz.

9 Por eso, Dios lo exaltó
y le dio el Nombre que está sobre todo nombre,

10 para que al nombre de Jesús,
se doble toda rodilla
en el cielo, en la tierra y en los abismos,

11 y toda lengua proclame para gloria de Dios Padre:
«Jesucristo es el Señor»".

(Filip. 2,5-11)

Búsquedas

Calendario de Eventos

Junio 2020
D L M X J V S
31 1 2 3 4 5 6
7 8 9 10 11 12 13
14 15 16 17 18 19 20
21 22 23 24 25 26 27
28 29 30 1 2 3 4