“Yo doy gracias a Dios cada vez que los recuerdo.

4 Siempre y en todas mis oraciones pido con alegría por todos ustedes,

5 pensando en la colaboración que prestaron a la difusión del Evangelio,

desde el comienzo hasta ahora”.

(Filip. 1, 3-5)

“VIVIR PERDONANDO”

     “Los discípulos le han oído a Jesús decir cosas increíbles sobre el amor a los enemigos, la oración al Padre por los que los persiguen, el perdón a quien les hace daño. Seguramente les parece un mensaje extraordinario, pero poco realista y muy problemático. Pedro se acerca ahora a Jesús con un planteamiento más práctico y concreto que les permita, al menos, resolver los problemas que surgen entre ellos: recelos, envidias, enfrentamientos y conflictos. ¿Cómo tienen que actuar en aquella familia de seguidores que caminan tras sus pasos? En concreto: «¿Cuántas veces he de perdonar a mi hermano cuando me ofenda?».

    Antes de que Jesús le responda, el impetuoso Pedro se le adelanta a hacerle su propia sugerencia: «¿Hasta siete veces?». Su propuesta es de una generosidad muy superior al clima justiciero que se respira en la sociedad judía. Va más allá incluso de lo que se practica entre los rabinos y los grupos esenios, que hablan como máximo de perdonar hasta cuatro veces. Sin embargo, Pedro se sigue moviendo en el plano de la casuística judía, donde se prescribe el perdón como arreglo amistoso y reglamentado para garantizar el funcionamiento ordenado de la convivencia entre quienes pertenecen al mismo grupo.

     La respuesta de Jesús exige ponernos en otro registro. En el perdón no hay límites: «No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete». No tiene sentido llevar cuentas del perdón. El que se pone a contar cuántas veces está perdonando al hermano se adentra por un camino absurdo que arruina el espíritu que ha de reinar entre sus seguidores. Entre los judíos era conocido el «Canto de venganza» de Lámec, un legendario héroe del desierto, que decía así: «Caín será vengado siete veces, pero Lámec será vengado setenta veces siete». Frente a esta cultura de la venganza sin límites, Jesús propone el perdón sin límites entre sus seguidores.

     Las diferentes posiciones ante el Concilio han ido provocando en el interior de la Iglesia conflictos y enfrentamientos a veces muy dolorosos. La falta de respeto mutuo, los insultos y las calumnias son frecuentes. Sin que nadie los desautorice, sectores que se dicen cristianos se sirven de Internet para sembrar agresividad y odio, destruyendo sin piedad el nombre y la trayectoria de otros creyentes. Necesitamos urgentemente testigos de Jesús que anuncien con palabra firme su Evangelio y que contagien con corazón humilde su paz. Creyentes que vivan perdonando y curando esta obcecación enfermiza que ha penetrado en su Iglesia”. Tomado de: José Antonio Pagola

     La reconciliación con Dios, es un camino que todo Cristiano debe de vivir en su vida personal, para abrir su corazón al perdón sin límites.  Teniendo presente,  que lo más sano para el espíritu y para la sanación del cuerpo,  es borrar todo del corazón, no se trata, de perdonar, pero no olvidar. Es importante que se borre del corazón para no  estar tentado a reprochar o encarar el pecado del hermano en otro momento. Si Camino con Cristo de mi lado, y con su Santísima Madre, la siempre Virgen Santa María, por quien se vive,  no tendré rencor contra ningún hermano, pues he recibido el perdón de Dios, y a su vez lo he vivido, le he experimentado con mi prójimo.

"Ama y haz lo que quieras"

San Agustín de Hipona

María, Reina de la Paz

Ruega por nosotros. 

Amén

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