"5 Al levantar los ojos, Jesús vio que una gran multitud acudía a él y dijo a Felipe:

«¿Dónde compraremos pan para darles de comer?».

6 El decía esto para ponerlo a prueba, porque sabía bien lo que iba a hacer".

(Jn. 6, 5-6)

"NUESTRO GRAN PECADO"

      “El episodio de la multiplicación de los panes gozó de gran popularidad entre los seguidores de Jesús. Todos los evangelistas lo recuerdan. Seguramente, les conmovía pensar que aquel hombre de Dios se había preocupado de alimentar a una muchedumbre que se había quedado sin lo necesario para comer. Según la versión de Juan, el primero que piensa en el hambre de aquel gentío que ha acudido a escucharlo es Jesús. Esta gente necesita comer; hay que hacer algo por ellos. Así era Jesús. Vivía pensando en las necesidades básicas del ser humano.

     Felipe le hace ver que no tienen dinero. Entre los discípulos, todos son pobres: no pueden comprar pan para tantos. Jesús lo sabe. Los que tienen dinero no resolverán nunca el problema del hambre en el mundo. Se necesita algo más que dinero. Jesús les va a ayudar a vislumbrar un camino diferente. Antes que nada, es necesario que nadie acapare lo suyo para sí mismo si hay otros que pasan hambre. Sus discípulos tendrán que aprender a poner a disposición de los hambrientos lo que tengan, aunque sólo sean «cinco panes de cebada y un par de peces».

     La actitud de Jesús es la más sencilla y humana que podemos imaginar. Pero, ¿quién nos va enseñar a nosotros a compartir, si solo sabemos comprar? ¿quién nos va a liberar de nuestra indiferencia ante los que mueren de hambre? ¿hay algo que nos pueda hacer más humanos? ¿se producirá algún día ese "milagro" de la solidaridad real entre todos? Jesús piensa en Dios. No es posible creer en él como Padre de todos, y vivir dejando que sus hijos e hijas mueran de hambre. Por eso, toma los alimentos que han recogido en el grupo, «levanta los ojos al cielo y dice la acción de gracias». La Tierra y todo lo que nos alimenta lo hemos recibido de Dios. Es regalo del Padre destinado a todos sus hijos e hijas. Si vivimos privando a otros de lo que necesitan para vivir es que lo hemos olvidado. Es nuestro gran pecado aunque casi nunca lo confesemos.

     Al compartir el pan de la eucaristía, los primeros cristianos se sentían alimentados por Cristo resucitado, pero, al mismo tiempo, recordaban el gesto de Jesús y compartían sus bienes con los más necesitados. Se sentían hermanos. No habían olvidado todavía el Espíritu de Jesús”. Tomado de: José Antonio Pagola

JESÚS NOS ENSEÑA A COMPARTIR,

NO SÓLO LO QUE NOS SOBRA.

 CONTEXTO

      El evangelio del domingo pasado se quedó a las puertas de la primera multiplicación de los panes según Marcos, pero la liturgia, en vez de leer ese relato, nos traslada al evangelio de Juan, y nos narra el mismo episodio al comienzo del capítulo 6. Pero vamos a seguir leyendo todo el capítulo, que es el más largo y más denso de todos los evangelios, y que nos va a ocupar cinco domingos. En sus 71 versículos, no sólo nos narra la multiplicación de los panes y peces, sino que, partiendo de ahí, elabora toda una teología del seguimiento. En el fondo se trata de un proceso de iniciación que en la realidad duraba varios años y que, al final, obligaba a tomar una decisión definitiva: el bautismo. El evangelio de Juan es reflejo de la experiencia de una comunidad muy avanzada en la vida espiritual. Está escrito por iniciados y para iniciados. Se da por supuesto que todos comprenden los signos e imágenes que constantemente se emplean.

      Ya sabéis que este evangelio es completamente esotérico. La numerología, la cábala, el tarot, lo impregnan todo. Los 22 capítulos del evangelio se corresponden con las 22 cartas del tarot. La 6ª (el enamorado) representa un joven en una encrucijada de caminos, ante dos doncellas. Una, de amarillo y verde, representa la vida sensitiva. Otra, de azul, representa la vida espiritual. El joven se ve en la necesidad de elegir. Cupido apunta su flecha sobre la cabeza del joven.

 EXPLICACIÓN

      Comienza el relato con la travesía del mar de Tiberíades, símbolo del paso del mar Rojo. Jesús, como Moisés invita a seguirlo en el Éxodo, que él propone para alcanzar la verdadera Vida. La gente le seguía porque había visto las señales que hacía con los enfermos, que percibían como esperanza de su propia liberación. “El monte” es el lugar donde habita la divinidad. Jesús subió al lugar que le es propio. Sentarse es el símbolo de enseñar, como los rabinos. PRIVATE  “Estaba cerca la Pascua”, no es un dato cronológico, sino teológico. La gente no sube a Jerusalén, como era su obligación, sino que busca en Jesús la liberación que el templo no puede dar.

Se delimitan dos grupos:

  • Jesús y los suyos (podríamos comprar)
  • la gente (para que coman estos)

     Preguntar por el dinero tiene un significado profundo. El culto al dinero es lo que había desplazado a Dios del templo. El dinero, utilizado por el sistema opresor, es el causante de la injusticia y del hambre. Comprar pan, es obtener un bien necesario para la vida, a cambio de dinero, inventado para dominar.

      El vendedor dispone del alimento; lo cede solo bajo ciertas condiciones dictadas por él. La vida no está al alcance de todos, sino mediatizada por los que detentan el poder. Jesús no acepta tal estructura, pero quiere saber si sus discípulos la aceptan. Felipe no ve solución. Doscientos denarios era el salario de más de medio año de trabajo. Siguiendo los esquemas del mundo, no se puede hacer nada. Andrés muestra otros posibles horizontes; vislumbra una solución distinta a la del comprar. Andrés habla de los panes y los peces que descubre, como algo de lo que se puede disponer. El muchacho (muchachito, doble diminutivo), representa al insignificante grupo de los discípulos.

      Los números son símbolos. 5+2=7 indica totalidad. Todo se pone a disposición de los demás. Al decir que son de cebada, pone en relación este episodio con el de Eliseo, que hemos leído en la primera lectura; pero marca una gran diferencia: él dio de comer a cien con veinte panes. Jesús da de comer a cinco mil con cinco. De todas formas, la propuesta de Andrés no sirve. La intención es buena pero no hay medios suficientes. Comer recostado era signo de hombres libres. Jesús quiere que todos se sientan personas con su propia responsabilidad. No quiere servidumbres ni dependencias de ninguna clase. Aquí está ya apuntando a la falsa interpretación del signo.   “El lugar” (con artículo determinado) era como se designaba el templo. Ahora Dios no está en el templo sino donde está Jesús. La mucha hierba, signo de la abundancia de los tiempos mesiánicos. “Dijo la acción de gracias”. (eucaristhsaV) “habiendo dado gracias”. Este dato tiene mucha miga. Se trata  de conectar la comida con el ámbito de lo divino (los sinópticos hablan de elevar la mirada al cielo).

      Se reconoce que el alimento es don de Dios a todos; no puede un ser humano apropiárselo para después sacar provecho de su venta. Una vez liberado del acaparamiento egoísta, todos tendrán acceso a ese bien necesario. Se sustrae de su finalidad primera que es alimentar, y se eleva el nivel para convertirlo en signo de Vida. Solo en este nuevo espacio fuera del egoísmo, es posible el compartir. "Recoged los pedazos que han sobrado". Lo sobrado, no tiene sentido de resto, desperdicio, sino de sobrante, sobreabun­dante. Deben recogerlos porque la comunidad tiene que continuar la obra de la entrega. Otra gran diferencia con la experiencia del Éxodo. El maná no duraba de un día para otro; lo que Jesús ofrece tiene valor permanente y hay que cuidarlo. En la Didaché se llama al pan eucarístico “los trozos” (klasma). Recordemos que en los Hechos se llama a la eucaristía “la fracción del pan”. No es pan, sino pan partido.

     Para esta cuaresma, y como preparación a la Pascua y a una vida espiritual llena de Bendición, dediquemos tiempo a hacer de nuestras vidas una entrega sin límite a Dios nuestro Padre a través de cinco aspectos a tener en cuenta: Las cinco piedras de Medjugorje.

1. La Confesión.

2. La Santa Eucaristía.

3. La Oración.

4. El ayuno.

5. La lectura constante de la Palabra de Dios. 

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