«¿Quién es éste?». Y la gente respondía:

«Es Jesús, el profeta de Nazaret en Galilea».

(Mat. 21,10b-11)

     “Es muy difícil precisar el sentido exacto que pudo dar Jesús a la entrada en Jerusalén de ese modo tan peculiar. Seguramente no coincidió con la interpretación que le dieron sus discípulos y la gente que le seguía. Cuando se fijaron por escrito estos relatos, ya habían pasado cuarenta o cincuenta años, y sus seguidores habían cambiado radicalmente la comprensión de la figura de Jesús. En estos textos se han mezclado datos históricos, prejuicios sobre el Mesías y tradiciones del AT sobre otra clase de mesianismo que no era el oficial.

     Con los datos que hoy tenemos no podemos pensar en una entrada “triunfal”. Si era política, no lo hubiera permitido el poder romano. Si era religiosa, no lo hubiera permitido el poder religioso. Ambos tenían medios más que suficientes para actuar contra una manifestación masiva. Más en la Pascua, que era momento de máxima alerta policial. No cabe duda de que algo pasó históricamente, pero no como un acto espectacular, sino como un acto profético. Es Jesús el que toma la iniciativa. Jesús montado en un pequeño borrico no es la imagen de un triunfador, sino más bien la imagen un poco ridícula y carente de todo indicio de poder. Elige un borrico como símbolo de un mesianismo de paz y sencillez, alejado de los mesianismos regios davídicos. Ese borrico estaba atado, es decir, el verdadero mesianismo estaba secuestrado por el mesianismo oficial.

     Creo que se tergiversa el sentido de los textos cuando se sigue insistiendo en el aspecto triunfal y se presente a Jesús como Rey aclamado por una inmensa multitud. Seguramente no se trató de una manifestación espectacular, sino de una muestra de adhesión por parte del pequeño grupo que venía a la fiesta acompañando a Jesús, a los que posiblemente se unieron otros que venían de Judea y Galilea.

     Los gritos son intentos de dar una explicación a lo que estaba ocurriendo, acudiendo a los textos del AT, que hablaban ya de ese mesianismo auténtico. Lo mismo los mantos y ramos expresan la actitud de los que seguían a Jesús. La inmensa mayoría del pueblo estuvo siempre del lado de los jefes religiosos y políticos. Estos son los que piden la muerte de Jesús. No tiene mucho sentido insistir en que el mismo pueblo que lo aclama hoy como Rey, pida el viernes su crucifixión. Tampoco podemos minimizar el número de los seguidores de Jesús. Los evangelios nos dicen que en varias ocasiones los dirigentes no se atrevieron a detenerle en público. También el hecho de que lo detuvieran de noche, en despoblado y con la ayuda de un traidor, indica que tenían miedo de que el pueblo se les echara encima”. (Tomado de: Fr. Marcos Rodríguez)

     Como Iglesia Católica Anglicana, preparemos durante este tiempo de Adviento el corazón para que Jesús habite en nuestro pesebre interior, desde donde podremos entender el mensaje de la Navidad, que no se reduce solo a disposición de un ornato: árbol de navidad, pesebre, decoración de la casa, del templo... si no a hacer de nuestra propia vida, de nuestros hogares, de nuestros lugares de Misión y Pastoral, un Belén que brille por el Amor a Dios hecho hombre. A todos los Sacerdotes y sus familias, a quienes forman parte de las parroquias y Misiones de la Diócesis y de la ACC, en el mundo, Gracia y Bendición en este tiempo de Adviento.

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