"No temas que tu vida termine, sino que nunca tenga principio"
Vida, John Henry Newman
 
Desde el llamado que hace Dios a los hombres, y en ellos a Simón Pedro “Rema mar adentro, y echad vuestras redes para la pesca”, se evidencia como de forma personal realiza Dios Padre al corazón de quienes desde el vientre materno se eligió para ser testimonio del Amor vivo ante los hombres, frente mundo  contemporáneo. El testimonio, de seguir a Jesús, solo se puede hacer realidad al dejar trasparentar el rostro de Dios en una viva experiencia mediante el servicio a los más necesitados; hombres y mujeres que en su existencia, muestran que el mundo, es lo fundamental para su vida, y aquí hay que entender por mundo, la vivencia del placer sin límites, que hacen de los hombres contemporáneos, muertos vivientes en la lejanía de Aquel que no es Amado,  o como expresa el Seráfico Padre San Francisco de Asís: El Amor que es Dios, no es amado".
 
 La vida de todo aquel que ha sido tocado en su corazón mediante el toque vocacional, conlleva un presente principio, que visto desde la experiencia del tiempo entendido éste, desde las palabras San Agustín vendría a ser: "Si me preguntan qué es el tiempo, no sabría que responder, pero si no me preguntan qué es el tiempo, respondería: es un pasado del presente, un presente del presente y un presente del futuro; es decir, el tiempo es un eterno presente". 
 
De aquí, que como consagrados por el bautismo y por la unción Sacerdotal, estamos llamados a hacer de nuestra vida, una constante renovación penitencial, en donde como imágenes y Semejanza de  Dios en la tierra, debemos hacer presente ante los hombres, su Amor y su Servicio a su prójimo. 
 
Dejemos, seducir por el Amor de Dios como lo expresa la Palabra de Dios: "Por tanto, he aquí, la seduciré, la llevaré al desierto, y le hablaré al corazón". (Oseas 2. 14)
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