Qué es la Iglesia Católica Anglicana

RAÍCES INGLESAS
La Iglesia Anglicana es una rama de la Iglesia de Cristo que es Una, Santa, Católica y Apostólica. La palabra “Anglicano” refiere a nuestra herencia espiritual y raíces en la Iglesia de Inglaterra. Los comerciantes, los caminantes y los soldados parecen haber traído la fe cristiana a Gran Bretaña poco después de que pasó a formar parte del Imperio Romano a mediados del primer siglo después de Cristo. Dieciséis siglos más tarde, durante lo que llamamos la Reforma, la Iglesia de Inglaterra surgió como una institución única. Retiene la herencia católica enraizada en los credos, las decisiones de los Concilios Generales, su liturgia y sacramentos, y en el triple ministerio de Obispos, Sacerdotes y Diáconos en Sucesión Apostólica.

Es Reformada en sí misma mediante la eliminación de algunos avances no esenciales de la Iglesia medieval, mediante el restablecimiento de gran parte de la práctica de los primeros cristianos, y por su insistencia de que la autoridad de la Sagrada Escritura es la norma y guía de la fe. Algunos miembros de la Iglesia de Inglaterra llegaron a América en los siglos dieciséis y diecisiete. En muchas de las colonias originales, la Iglesia de Inglaterra fue establecida como la Iglesia Oficial. Después de la revolución, los anglicanos americanos establecieron una rama autónoma de la Iglesia, conocida como la Iglesia Episcopal. Recientemente, durante los últimos treinta y cinco años, este cuerpo abandonó muchas de las tradiciones de la fe y práctica del Anglicanismo histórico. Fue esa misma tradición la que muchos episcopalianos y fieles anglicanos buscaron preservar y proclamar.

RESTAURACIÓN EN AMÉRICA

En 1968 una reunión de fieles episcopales, sacerdotes y laicos, se llevó a cabo en Mobile, Alabama. De esa reunión surgió la “Iglesia Episcopal de América». Nueve años más tarde, un congreso de eclesiásticos preocupados, se llevó a cabo en San Louis, Missouri. Se contó con la participación de anglicanos de Estados Unidos y Canadá que se comprometieron a continuar nuestra Iglesia sin las fatales desviaciones adoptadas por la Iglesia Episcopal en los últimos tiempos. En una declaración llamada “La Afirmación de San Luis”, se acordó afirmar la Fe inalterable y la Tradición recibida de la Iglesia, como núcleo esencial de la fe y práctica cristiana. Esto incluye la Sagrada Escritura, los credos universales y antiguos de la Iglesia, los escritos de los Padres de la Iglesia Primitiva, las decisiones de los Concilios Generales de la Iglesia indivisa, y del ministerio apostólicohistórico masculino de los Obispos, Presbíteros y Diáconos que descienden de una línea inquebrantable desde los primeros apóstoles. La declaración exhortó a los fieles anglicanos a “reordenar la disciplina piadosa, que nos fortalecen en la continuación de nuestra vida común y testimonio”. Como resultado de esta reunión, varios grupos de anglicanos tradicionalistas en los Estados Unidos y Canadá comenzaron los esfuerzos para formar una IGLESIA ANGLICANA DE CONTINUACIÓN. Si bien el trabajo en Canadá prosperó, los acontecimientos en los EE.UU. se complicaron por la falta de unidad, y surgieron varias “jurisdicciones”. En 1978, 1981 y 1991, Obispos fueron consagrados a través de la Sucesión Apostólica Anglicana para prever la continuación del Ministerio tal como fue instaurado por Cristo. Nuestra Fe y Culto se establecen en el pasado ortodoxo como en la edición americana del histórico Libro de Oración Común del 1928. Este tesoro del idioma inglés, como las Escrituras y espiritualidad católica del culto, ha dado forma a la vida de innumerables fieles cristianos a través de los siglos y es la base de nuestros servicios de adoración.

UNIVERSAL Y REFORMADA

Como hemos visto, la Iglesia Anglicana afirma su patrimonio “católico”. Ese término se utiliza para afirmar nuestra fidelidad a la fe en su conjunto tal como fue revelada por Jesucristo (sin adiciones o sustracciones) y proclamada por los apóstoles, evangelistas, santos, eruditos y mártires de la Iglesia Primitiva y enseñada en la Sagrada Escritura. Al mismo tiempo, los anglicanos dan gracias por el testimonio de aquellos pastores y maestros, que en los siglos XVI y XVII trataron de reformar la Iglesia, algunos de los cuales dieron sus vidas al afirmar que la autoridad de la Biblia es la norma y principio de la fe y práctica cristiana. Los anglicanos no consideramos que los términos “católico” y “reforma” (o “evangélica”) sean contradictorios, sino más bien como afirmaciones de la totalidad de la Fe. La tarea de la Iglesia en cada generación es transmitir fielmente lo que Dios ha revelado. La prueba de dicha fidelidad es el Evangelio mismo, la “Buena Noticia” revelada por Dios el Padre, en su Hijo, a través del Espíritu Santo, principalmente en las palabras de la Sagrada Escritura, como también por los testimonios vivientes que la Iglesia llama Tradición. Al mismo tiempo, los anglicanos atesoran su identidad católica, compartida por las iglesias Católica Romana, Ortodoxas y Católica Antigua, demandando que dicha catolicidad sea una continua prueba de la fidelidad particular de cada Iglesia a la fe una vez entregada a los santos (Judas 3 ).

¿CUÁL ES ESTA FE QUE HEMOS PROCURADO PRESERVAR?

La Fe anglicana está completamente basada en la Sagrada Escritura. Los anglicanos creemos que el Antiguo y Nuevo Testamento contienen el registro auténtico de Dios de la revelación de sí mismo, su actividad y sus exigencias morales, una revelación válida para todos los hombres y para todos los tiempos (La Afirmación de San Luis). Los libros apócrifos, se utilizan también en nuestro culto, siendo leídos para la instrucción, pero no son utilizados para establecer doctrina alguna. Sostenemos que los antiguos credos - el Apostólico, el de Nicea y el de Atanasio - expresan la Fe de la Iglesia y se deben entender tal como están escritos. Los credos, que provienen de los primeros años del cristianismo, resumen la Fe una vez entregada a los santos (Judas 3). En ellos se nos enseña que Dios es un Dios en tres personas, Padre, Hijo y Espíritu Santo; que el Hijo de Dios se hizo hombre, nacido de una virgen, como nuestro Señor Jesucristo; que nuestro Señor, por su vida sin pecado, muerte y resurrección, adquirió para nosotros el acceso a Dios Padre y abrió el camino para que seamos hijos de Dios y así vivir con Él por toda la eternidad. En cuanto a la moral cristiana, creemos que “todo cristiano está obligado a formar su conciencia acorde a la divina Ley Moral de la Mente de Cristo, como se ha manifestado en la Sagrada Escritura, y en las enseñanzas y la Tradición de la Iglesia” (Afirmación de San Luis). Esta enseñanza es claramente visible en el Sermón de la Montaña (San Mateo 5,6,7) y en nuestro Resumen de la Ley del Señor, que establece que primero debemos amar a Dios con todo nuestro corazón, alma y mente, y también amar al prójimo como a nosotros mismos.

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